Era el dia que cumplia 41 años.
Por la mañana no me sentia muy bien y esperaba que mi mujer me felicitase por mi cumpleaños. Tuve una decepción: ¡Ni los buenos dias!. En el desayuno mis hijos ni me hablaron.
Voy a la oficina y mi secretaria me sorprende:
– ¡ Felicidaaadeees !
Estaba feliz porque por lo menos ella se acordó pero, para más decepción, de mis colegas nada de nada.
Al mediodia, ella me preguntó:
– ¿Por qué no comemos juntos?
¿He dicho que fue la cosa más bonita que me habian dicho en ese día?
Nos fuimos a tomar unas copas y en el camino de vuelta a la oficina me dice:
– ¿Por qué volver a la oficina en un día tan especial?
Me propuso ir a su casa. Llegamos a su casa, me da un copa, y me dice:
– ¿Te importa qu e me ponga cómoda?
– No, que va. Estás en tu casa – contesté.
Y, en mi cabeza, una vocecita me decía: » Esto puede ser una experiencia interesante…»
Entró en su habitación y salió con un enorme pastel y detrás de ella estaban mi mujer, mis hijos, mi jefe, mis colegas… y yo, como un gilipollas, ¡En pelotas por su salón!!
